lunes, 9 de julio de 2018

Esos pequeños detalles que harán de tu presentación, un éxito

Si eres un gerente de empresa, un hombre de negocios o un emprendedor que quiere dar a conocer los secretos para echar a andar un proyecto exitoso, será frecuente que te soliciten para dar charlas, presentaciones o conversatorios. 
Por ello, debes tener en cuenta que gran parte del éxito de una presentación radica en la manera cómo logras conectarte con tu público, tus interlocutores. Además de aprender a controlar el miedo escénico, debes crear un puente emocional entre tu audiencia y tú. En este sentido, revisemos algunos tips que serán de gran interés para ti.
Controla el nivel de estrés. Poco antes de subir al escenario, evalúa el nivel de tensión que sientes. El hecho de que estés tenso es normal, significa que consideras la importancia de la presentación; pero demasiado estrés puede afectar tu desempeño. Pocos minutos antes de subir, mantente derecho, con la barbilla recta y haciendo cinco o seis respiraciones profundas. Siente que te estás preparando para una presentación exitosa.
Entra con confianza. Nada mejor para inspirar seguridad hacia el público, que hacer una entrada a paso firme, con los hombros relajados, el rostro en alto y una leve sonrisa. La idea es que proyectes una imagen de dominio del tema que vas a presentar.
Controla tu respiración. Siempre respira igual, así tendrás la sangre y cabeza frías para buscar una solución de manera racional a cualquier situación imprevista que se pueda presentar y que son muy comunes en este tipo de eventos.
Transmite emoción. Aún cuando domines el tema a la perfección y tengas control de tus nervios, si no presentas las ideas con entusiasmo y pasión, no lograrás impactar a la audiencia.  Imprímele emoción a tus palabras y contagia a tu público.
Mantén el contacto visual. Obviamente que no podrás mantener la mirada con todos los asistentes a la vez, pero sí es necesario que tus ojos no divaguen.  Si empiezan a oscilar hacia el techo o hacia otro lugar, o te quedas viendo fijamente las diapositivas, todo el mundo pensará que no estás seguro de lo que estás diciendo o que perdiste el hilo del discurso.
Tus manos, valioso detalle. En la medida que trates de dejar tus manos inmóviles, te verás tenso e inseguro; si las dejas que hagan gestos demasiado rápidos o amplios, parecerás disperso o poco preparado.  Así como tienes la capacidad de regular el volumen y el tono de tu voz, puedes controlar la amplitud y la velocidad de los gestos que haces con tus manos. Permite que vayan al ritmo de tus palabras y así serás más convincente en tu discurso.

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